Veintiún Vestidos

Voy a traducir este artículo que fue publicado por la revista The New Yorker Magazine hace un par de semanas y que me pareció absolutamente cautivador.

Hace varios años una joven restauradora entró en una bodega olvidada dentro de una Villa florentina del siglo XV y se tropezó con algunos baúles de Louis Vuitton- aquellos que se usaban cuando se hacían las largas travesías en barco.  Al destaparlos descubrió una colección de atuendos exquisitos, los que solamente vemos hoy día en las películas o bien en las vitrinas de los museos.

Al inspeccionarlos de cerca pudo leer un nombre en las etiquetas bordadas a mano en seda: Callot Soeurs (Hermanas Callot).
En el tomo 2 de la obra de Proust "En Busca del Tiempo Perdido" el narrador le pregunta a su amada Albertina:  -Realmente existe una gran diferencia entre un vestido Callot y uno de una tienda ordinaria?   Su respuesta fue:  Por supuesto que hay una gran diferencia mi queridísimo!

Uno de los vestidos de Hortense Acton en la Habitación Verde de la Villa La Pietra.  El encaje dorado y plateado del cuello, la falda de mandil y las cinco rosetas metálicas en el pecho nos remiten a las formas arquitectónicas de una catedral gótica.  Las mangas están hechas de encaje metálico, hoy día oxidado.   Fotografías: Pari Dukovic The New Yorker Magazine. 

Un "Vestido Callot" era el confeccionado por la casa parisina de Alta Costura de las hermanas del mismo apellido.  Lamentablemente poco se sabe y se recuerda de ellas. No existen investigaciones monográficas respecto a su trabajo ni tampoco una retrospectiva.
Y no fue hace tanto tiempo... Fue en el año de 1895 que las hermanas abrieron las puertas de su taller y se convirtieron en uno de los grandes nombres de la moda justo en la Belle Epoque.
Madeleine Vionnet una de las diseñadoras de mayor influencia en los estilos del siglo XX fue la cabeza principal del taller de costura de las hermanas y llegó a afirmar tiempo despues que sin en el ejemplo de las hermanas Callot la moda se hubiera estancado haciendo "Fords" y no "Rolls Royces".

Pocos vestidos de las Callot han sobrevivido así que cuando se descubrieron más de 20 atuendos enmoheciéndose en aquellos baúles en la villa florentina, resultó ser en un descubrimiento de escala monumental.  La villa en cuestión se llama La Pietra, edificada por uno de los banqueros de la familia Medici y adquirida en 1907 por Hortense Mitchell Acton, una heredera de Chicago esposa de Arthur Acton, un comerciante de antigüedades anglo-italiano.  Su hijo, Harold Acton, exalumno de Oxford e historiador donó la propiedad a la Universidad de Nueva York a fines de los años noventa.

Los vestidos encontrados en aquellos baúles pertenecieron a Hortense Mitchel Acton y ésta es la primera vez que las fotografías son publicadas.  La colección se ha convertido en uno de los archivos más notables en lo que respecta a la Alta Costura del mundo por un hecho muy importante: La señora Acton era una clienta fiel de las hermanas Callot desde el momento en que abrieron las puertas de su atelier en la calle Taibout en Paris en los años '30.

Los trajes son una manifestación palpable de la sutileza combinada con la complejidad de los diseños de las Callot, los elementos innovadores, el oficio de la costura y su mano de obra, la comprensión absoluta de los materiales incluyendo su deleite por el encaje y el lamé (ellas fueron las primeras en utilizarlo), y el Orientalismo.  Igual como en las Artes Visuales, ellas tomaban referencias geográficas de aquellos tiempos.

Las Callot fueron cuatro hermanas: Marie, Marthe, Régina y Joséphine pero en 1897 ésta última lamentablemente se suicidó.  El historiador de moda Camille Janbon escribe que allá en 1916 la revista americana Vogue bautizó a las hermanas como Las Tres Moiras -aquellas deidades poderosas en el Monte Olimpo que poseían tanto poder como para dominar los destinos de la vida de una mujer y aumentar el capital económico de Francia.  En aquellos tiempos el mundo de la costura era dominado por hombres así que ellas insistieron en que su marca incluyera la palabra "hermanas". En 1900 participaron en la Feria Mundial de Paris y ese año ya contaban con un taller de 200 personas y sus ventas alcanzaron los 2 millones de francos (de aquel entonces).  Un año después habían triplicado ya su equipo de trabajo y duplicado las ventas.
En la época donde las finanzas en el mundo de la moda eran dominadas por los hombres, las hermanas Callot combinaron su talento para la confección y los negocios.  Cada vestido lo arman miles de miles de puntadas, perfectamente formadas así como la insuperable escritura manuscrita de su marca.  Fotografía: The New Yorker Magazine 

Las hermanas Callot siempre estuvieron a tono con la época, el cambio estético y las posibilidades de las mujeres.  Fueron las primeras en rechazar el corset y diseñar pensando en lo que favoreciera el movimiento y la fluidez de la línea.

Horense Acton teniendo como escenario su maravillosa villa florentina La Pietra vestía atuendos de las Callot en fiestas y recepciones, mismas a las que llegaron a acudir desde Gertrude Stein hasta Winston Churchill.  Cuando los Fascistas tomaron el poder, la mayoría de los expatriados tomaron sus cosas y huyeron de Florencia. Pese a que Hortense le rogó a su marido a que hicieran lo mismo, él insistió en permanecer en Florencia y complacer a cualquiera incluso a los fascistas con tal de proteger su casa y sus obras de arte.

En 1940 la policía se presentó en La Pietra, llevaron a Hortense a la cárcel y la Villa y todo aquello que albergaba fue confiscado. Poco tiempo después la pareja logró escapar a Suiza.  Nunca se sabrá si el personal de servicio protegió aquella bodega o bien pasó desapercibida y por eso los baúles sobrevivieron. Pero es un hecho que  cuando Hortense Acton murió en 1962 los baúles de Louis Vuitton aún estaban resguardados.

Hoy día los trajes viven en la Villa, en el cuarto piso, en una habitación que se adaptó convirtiéndola en un laboratorio de conservación, restauración y cuidado de textiles, dentro de unos cajones especiales que parecen féretros. Dos de las restauradoras contratadas por la Universidad de Nueva York tienen como tarea sacarlos de aquellas cajas una vez al año.  Los atuendos se encuentran en buen estado dada su antigüedad pero los diversos materiales que las Callot empleaban hacen que su conservación y supervivencia sea un reto.  Las lentejuelas, laminillas y abalorios en dos de ellos denotan un daño intrínseco, la degradación de la celulosa de nitrato.  Parecería que los vestidos se están derritiendo dicen las restauradoras.  Otro está muy dañado pues permaneció tantas décadas bajo un traje bordado y los abalorios de cristal hicieron que la tela color malva se marcara y se decolorara en forma de círculos a manera de nébulas.  En otro de ellos, unos minúsculos botones de rosa hechos con satín están rasgando la gasa y el tul en el que están cosidos.  La mayoría de ellos sufren de lo que en términos técnicos se conoce como "memoria" y que son las arrugas que permanecen en los vestidos por el uso frecuente.
Confeccionado con terciopelo de seda y bordado en seda azul. Sin embargo el vestido almacenado sobre de él lo estropeó por el deterioro de las cuentas de cristal en su bordado. Fotografía: The New Yorker Magazine.

Hortense Acton encargó estos zapatos hechos a mano por André Perugia en Paris para hacer juego con uno de sus vestidos confeccionados por las Hermanas Callot.  Fotografía: The New Yorker Magazine.

El vestuario es algo muy distinto a los demás objetos que hoy vemos en los museos.  La vestimenta jamás pierde la huella del cuerpo que alguna vez estuvo dentro de ellos. Siempre existe una reacción química entre el cuerpo que lo porta y los materiales de los que está confeccionado. El sudor, inclusive aquel de una noche en una fiesta de baile en un jardín de Toscana pueden continuar oxidando el hilo metálico y alterando la estructura molecular de una tela por cientos de años.
Un traje de seda naranja con flecos metálicos y de seda es mostrado en los jardines de la Villa La Pietra.  Es seguro que la señora Acton lo lució en alguna de sus extravagantes fiestas.  Fotografía: The New York Times.

El académico Peter Stallybrass concluye brillantemente: No por nada los fantasmas de la literatura por lo general salen a la luz de adentro de los armarios.  Los estuches de estos vestidos en la Villa La Pietra parecerán féretros, pero aquellos atuendos dentro aún están vivos.
Un atuendo en crêpe de seda negro y verde jade con el cuello bordado con cuentas de cristal y una sobrefalda que recuerda los diseños de las antiguas naos de China.  La silueta fue tomada de un Qipao chino (vestuario del siglo XVII)
Fotografía: The New Yorker Magazine. 

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