Un mar de corazones


Me imagino que recordarán aquel par de terremotos devastadores en Nueva Zelanda en Septiembre de 2010 y Octubre de 2011.  Una de las tragedias más grandes que ese país ha vivido.  
Resulta que la neozelandesa Evie Harris decidió que tenía que poner manos a la obra haciendo algo aunque frente a la dimensión del suceso resultara un grano de arena.  
Evie pensó que como la imagen de un corazón es el símbolo universal de la generosidad se podría hacer una colecta de corazones, para colgarlos en los muros, en los albergues, prenderlos en un bolso, entregárle un corazón a un niño pequeño para que lo apretara en su mano.  Estos corazoncitos serían un símbolo de apoyo para aquellos que habían sufrido una gran pérdida.  
De inmediato publicó las instrucciones en su blog pidiendo coser dos piezas en forma de corazón y rellenarlas, bordarlas, acolcharlas, simples o complejas, de tela, de fieltro, de lo que se pudiera ocurrir.  En su blog citaba: Este es solo un pequeñísimo símbolo de algo que compartir en momentos difíciles.  
Y los corazones comenzaron a llegar.   En Septiembre pasado, el Museo Canterbury en la localidad de Christchurch inauguró la exhibición con más de 4,000 corazones hechos a mano y enviados de todas partes del mundo.   Los corazones están agrupados por colores  simulando una gran ola.   Todo quien visita la exposición comenta que ninguna fotografía hace justicia al impacto que tiene este movimiento de generosidad.