Jamás la costura será un oficio simplemente doméstico

 El despegue y regreso a la tierra del transbordador Atlantis marca el final de una era para las misiones espaciales de NASA. Hoy escuché una nota en el radio y de inmediato pensé difundirla en el blog porque escuché acerca de un oficio conocido para mí pero al que raramente los medios de comunicación le dieron atención. Ahora, con la conclusión del proyecto espacial los periódicos, radio y televisión se han dedicado a desmenuzar las diferentes áreas de trabajo que hacían un todo para que durante tantos años aquel monstruo despegara, fascinando a cualquiera que lo viera ya fuera en persona a lo lejos de Cabo Cañaveral como a los que lo presenciábamos por televisión.

En el Centro Espacial Kennedy en Florida, existía un departamento donde trabajaban más de 100 costureras. Estas manos expertas hacían Quilts!  En efecto.  Quilts elaboradas con un material de color blanco en la parte superior e inferior y por dentro una especie de guata resistente al calor hecha con 16 capas de aluminio con micro orificios combinado con teflón.  Estas quilts forman parte de la coraza que protege al transbordador al momento de su veloz regreso y feroz entrada a la atmósfera.

Las quilts tienen formas especiales que se ajustan perfectamente entre unas y otras como un rompecabezas elaboradísimo.  La costura se hace con hilo de vidrio!
Y así como el propósito final de una quilt es proteger y cubrir a un ser querido, estas costureras sabían que además de estar utilizando los materiales adecuados, de la calidad de su trabajo dependían muchas variables y que la vida de los astronautas en la nave de cierta forma estaba también en sus manos. 
Imágenes: NASA

Todas ellas estuvieron siempre sumamente orgullosas de su trabajo y comentaban que siempre fue apasionante elevar el oficio de la costura al nivel de la ciencia aeroespacial.

Los talleres dentro del edificio llamado Sistemas de Protección Térmica aún están llenos de máquinas de coser, pero de esas 100 personas que allí trabajaban ahora solo quedan 50 y en unos días la plantilla se reducirá a 20. 

Estas costureras cuyo trabajo viajó miles de kilómetros ahora buscarán nuevos empleos.  Todos los finales son tristes y nostálgicos porque pese a que su retiro está asegurado, ya nada vuelve a ser igual.