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¿Donde dejaste tu aureola?



Escrito por MARTHA BECK Terapista grupal. Diciembre 2003


¿Eres el tipo de persona que piensa que es tan buena (sacrificada, angelical) que acepta hacer todo lo que detesta hacer e incluso hace gentilezas a personas extrañas para recoger del piso migajas de aprobación?
Martha Beck lo analiza y te anima a que dejes a un lado de una vez por todas esas "alas de ángel" que llevas puestas en tu espalda.

Siempre me espero a estar sola en casa para practicar el piano. Me encanta tocarlo pero como no lo hago muy bien, me avergüenza molestar a los demás cuando me salen equivocaciones. Hace unos días, una vez que mis hijos se fueron a la escuela me puse encantada a tocar sabiendo que podía disfrutar alegremente de mi soledad- hasta que decidí tocar cierta pieza atribuida a Bach.


Esta pieza parece ser una de las favoritas de mi perra Maggie ya que cada vez que la toco, corre y se echa debajo del piano con las orejas levantadas. Comencé a tocar y dicho y hecho, escuché las patitas venir por el pasillo hasta echarse cerca de los pedales del piano. Para mí esto era más que una ovación de pie en el Carnegie Hall de Nueva York!


En eso, el desastre… Me equivoqué con una nota. Parecía que podría yo rectificar pero el error tuvo el efecto dominó y ya se podrán imaginar el resultado. Mis dedos comenzaron a temblar. Dejé de respirar, comencé a sudar horrorizada pues había yo arruinado el concierto matutino del animal perruno!!


En caso de que no estén ustedes impactadas con la profundidad de mi enfermedad mental, déjenme decirlo de otra forma: Me convertí en una masa de nervios porque no pude tocar el piano correctamente para mi perro.


Esto se convirtió en uno de esos momentos en que el velo de la negación se rasga y te pone en carne viva tan lamentable y triste verdad. Ese día finalmente acepté aquello en que me había convertido: no era yo una mujer encantadora, no era una persona complaciente, me había convertido en una adicta a la aprobación. ADICTA A LA APROBACIÓN.


CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE SER UN "JUNKIE" DE LA APROBACIÓN.
Nosotros las "prostitutas de la aprobación" somos personas que hacemos cualquier cosa para obtener la aceptación de los demás. Somos similares a los junkies del crack aunque más disfuncionales ya que las drogadictas saben que no existe ninguna buena intención en su actividad.

Nosotras en cambio, tendemos a pensar que somos realmente buenas, unas santas, angelicales, cuando dejamos que los otros obtengan lo que quieren a cambio de un "toque" de aprecio. La gente a nuestro alrededor tiende a reforzar nuestra enfermedad pues ¿a quien no le gusta que le resolvamos prácticamente todo?

Depender tanto de la aprobación - tanto que canjeamos nuestro tiempo, energía y gustos personales para obtenerla- arruina vidas. Nos separa absolutamente de nuestro propio ser, nos impide tener verdadera intimidad y nos convierte en seres repletos de una rabia reprimida. Las fiestas de fin de año es un buenísimo ejemplo para ilustrarlo, ya que hasta los ciudadanos modelo se sienten presionados para recibir aprobación. El cuento es ya muy trillado: finges que te en canta el fruitcake rancio de tu tía Olga, o simulas estar encantada con el sweter tejido con el que pareces una ballena blanca. Pero no te avergüences; un poquito de prostitución social durante las fiestas decembrinas es virtualmente universal. Pero si fuiste una JUNKIE DE LA APROBACIÓN durante todo el año, en la Navidad tu actitud tiende a exacerbarse pues ya ni a ti te sabe a nada tu adicción. Si día con día, mientras vas recorriendo el calendario de adviento te sientes cada vez más sumida, más cansada, más molesta, entonces ha llegado el momento en que dejes las calles en busca de esa "droga". Aprende a respetarte a ti misma. Date el regalo de ser tú misma, y límpiate de una vez por todas de esas adicciones.
El agradar a los demás es como el sexo. Cuando lo hacemos porque realmente lo deseamos se convierte en una hermosa manera de reafirmar y reforzar una relación, pero si es motivado por la obligación, la impotencia o la ventaja, es en la más cruda definición, degradante.
La llave para una auténtica vida emocional así como la llave para una genuina vida sexual es el perseguir tus deseos verdaderos.
Te gustaría dedicarte a hacer actividades que te encantan, estar en los lugares que te gustan, con la gente que verdaderamente amas? Claro que sí. Entonces, porqué no lo haces? Si de momento piensas "no, no podría yo hacerlo" déjame decirte que te estás haciendo trampa tú misma. Has estado vendiendo tus pasiones para encajar en un modelo ajeno a ti. Si piensas que lo haces porque así es el don de la virtud, estás muy equivocada. Los actos de amor hechos en ausencia del amor son verdaderamente obscenos. Aprende a tolerar la sensación de angustia y de ansiedad permitiendo que la gente desapruebe tal o cual cosa que haces.
Aquí hay algunas estrategias que me han parecido útiles:
1) Fortalece tu propia moral.
En nuestro mundo de tradiciones y culturas entremezcladas tenemos que confrontar innumerables y distintos códigos morales por lo que es realmente una tarea inalcanzable tratar de recibir aprobación de todos y cada uno. En lugar de esto, aprende a definir claramente tu propio código de ética y mantente firme a él les guste o no a los demás. En este momento piensa en algo que estés forzada a hacer pero que no deseas hacerlo. Colócalo dentro de las nuevas fronteras que acabas de fijarte y cuyos límites vas a conservar firmemente. No pienses en el las buenas maneras, piensa en tu filosofía de vida. Si un cambio de planes te hace ver que no estás alterando en lo más mínimo tus auténtica forma de ser, ya estás comenzando a ejercer tu nueva manera de vivir. Si por lo contrario, decides que pese a todo tienes que hacerlo porque los "espíritus de la aprobación" así te lo están demandando al oído, entonces te estás prostituyendo nuevamente. Todo lo que hacemos simplemente para complacer a los demás dejando a un lado el deseo verdadero o la necesidad ética o moral, es una forma de devaluarnos, de devaluar nuestras vidas, de malbaratar nuestra energía. Pregúntate una y otra vez en este ejercicio si esa dosis de aprobación que vas a recibir vale la pena a cambio de perder un pedacito más de tu propio ser. Yo sería la última en juzgarte por supuesto. Lo único que te pido es que tomes en cuenta que esta es una forma de prostitución y no una virtud.

2) Recibe aprobación a través de la desaprobación.
Una de las mejores formas de romper con la dependencia a la aprobación es colocarse a propósito en una situación en que la única manera de obtener aprobación es a través de la crítica. Cuando daba clases de sociología en la universidad, un proyecto que encargaba a mis alumnos era escoger una norma social que pensaran que era incorrecta o ridícula y deliberadamente violarla. A mayor crítica o desaprobación, mayor sería su calificación en clase. Cuál sería mi sorpresa que mis alumnos más destacados se convirtieron en la absoluta personificación de la desobediencia civil. Una de ellas trajo a un vagabundo a comer a un comedor escolar privado. Un deportista estrella fue a un bar vestido con los pantalones tiroleses de cuero de su bisabuelo, otro alumno fue a la iglesia la frase: Hay que Oponerse a la intolerancia religiosa" pintada con marcador en ambos brazos. Por supuesto que las reacciones fueron de desaprobación total por parte de varios sectores de la sociedad, pero a su vez de aprobación absoluta en mi curso. El darse cuenta que podían soportar la censura social y la desaprobación fue una gran liberación para ellos. De repente estos alumnos se sentían liberados, libres para ser ellos mismos incluso frente a aquellos que habían condenado sus acciones.
Para usar esta estrategia, haz planes con una amiga. Dile que vas a emprender una misión de desaprobación y dile que te debe felicitar al haberlo logrado. Funciona mejor si cuentas con más gente, tus mejores amigos, tu grupo de costura, todos listos para escuchar la saga de tu rebelión. El éxito de esta encomienda es que la lleves a cabo o no, alguien en algún momento te va a censurar. Aprender a soportarlo va a prevenir de venderte al mundo por tan poco.

3) Aprende a discrepar.
Cuando alguien más no está de acuerdo con algo, nuestra reacción es no reaccionar. En lugar de manifestar nuestra opinión o posición al respecto, sonreímos, asentimos, emitimos algún sonido gutural. Y como resultado, alguien pensará que estamos de acuerdo con ellos. Muchas pensamos que si demostramos nuestro desacuerdo perderemos amigos o alejaremos a la familia. Si esta es tu realidad, si estas personas te aceptan solamente porque estás de acuerdo con todo lo que dicen, no son entonces amigos ni familiares sino clientes de los que obtienes regularmente tu droga elegida. Esta es una situación enfermiza.

La próxima vez que alguien externe una opinión con la que tú no estés de acuerdo, no te quedes muda, externa tus pensamientos y fíjate en lo que sucede. Lo peor que te puede pasar es que debilites algún lazo que no era realmente auténtico. Lo mejor que te puede ocurrir es que no estés de acuerdo con alguien y que te dés cuenta que ese alguien te continúa amando. Esta es la manera de construir lazos genuinos en lugar de alianzas tentativas pagadas conforme a un tipo de cambio muy alto.
Estas estrategias de ningún modo van a erradicar tu deseo de aprobación o la angustia que sientes cuando la desaprobación viene en camino. Lo que estas estrategias harán es hacer que aprendas a tolerar estas sensaciones sin que renuncies a tu integridad. Irónicamente he confirmado que el desaprobar me ha proporcionado mayor aprobación en el largo plazo. Me he convertido en una persona con la cual se sienten a gusto los demás, me siento feliz de ser yo y de no importarme quien me está viendo o escuchando.

Artículo escrito por la Dra. Martha Beck, socióloga y terapista , y traducido por Alejandra Alcántara a partir de la revista O! Diciembre 2003 págs. 81 a 84.

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